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El regalo del perdón

El regalo del perdón

Pensamientos rumiantes… “Si no logro redactar el artículo, sentiré que he decepcionado a los que han confiado en mí. Romperé eso tan frágil y sagrado: la confianza. Fracaso. Fracaso. Fracaso…”. Frustrada, busco en mi interior la creencia que soy capaz, quiero y puedo. Darme por vencida y dejar la página en blanco y sin enviar es una alternativa que, aunque insípida, me dejaría con muy mal sabor de boca. Decido huir de las rumiaciones mentales para sentir. Escapar de los remolinos que recorren mi cabeza al abrir la ventana para dar paso a mi emoción. De repente, me doy cuenta: tengo miedo. Miedo a fracasar. Ante mí misma. Ante los que me importan.

Estoy contenta en el deseo de escribir, un estado imaginario de ilusión. Cuando intento lograr la magia que pretendo hacer –llevar al lector por un camino y sorprenderle para dejarle huella– me frustro al encarar mis limitaciones, se paraliza más que mi bolígrafo. Miro la hoja vacía, y me entrego el poder ilimitado de la mente. Intento dejar que me envuelva el sonido de las emociones que bailan detrás de las palabras frías de los textos científicos, con sus análisis, comparaciones y estadísticas; ellas son el soplo de vida que los atraviesan y que persigo. Estos estudios tienen como objetivo definir y estudiar con precisión conceptos que, aunque intangibles, pueden ayudarnos a conectar con nuestra esencia. (Aún no logro dar con mi esencia y me cuesta perdonarme.)

El campo de la psicología abarca mucho más que trastornos, tratamientos y terapia. La psicología positiva es un modelo reciente que estudia las bases del bienestar psicológico y de la felicidad, las fortalezas y virtudes humanas, el funcionamiento humano óptimo, más allá de los procesos de enfermedad y desequilibrio. Investiga los procesos psicofisiológicos subyacentes a las cualidades y emociones positivas. Es un nuevo modelo salutogénico complementario al modelo patogénico clásico1.  Este enfoque de la salud mental aspira a fortalecer y promocionar los aspectos saludables y adaptativos del ser humano en sus pensamientos, emociones y conductas.

Cuando nos afrontamos a ese algo “imperdonable”, no se puede entender por qué uno ha sido ofendido sin entender el mundo interior del que nos ha ofendido. La mentalización o teoría de la mente (del inglés Theory of Mind) describe la capacidad para deducir los procesos psíquicos de otras personas (o de uno mismo) a partir de su conducta; suponer en otras personas pensamientos, sentimientos, necesidades, expectativas y objetivos. Podemos comprender que otras personas tengan puntos de vista que difieren de los nuestros. Entonces, ¿por qué cuesta tanto perdonar ante las discordancias?

Perdonar requiere usar nuestra capacidad mental para explicar el comportamiento y predecir situaciones. Sólo puedo hacerlo si me pongo en el lugar del otro. Las personas que aprenden a perdonar se vuelven más calmadas, aumentan su esperanza, se deprimen menos, padecen menos ansiedad y estrés y fortalecen su autoestima”2. Disminuyen las respuestas emocionales negativas y aumentan las positivas3. El perdón también se asocia con emociones positivas y cualidades como simpatía, empatía, compasión, amor y con mayores tasas de bienestar y satisfacción con la vida4.

La etimología de la palabra perdón procede del latín per (acción completa y total) y donare (dar, regalar). Tenía el sentido de regalar el acreedor al deudor aquello que le debía, un “no me debes nada, ya no estás en deuda conmigo”. Pueden ser palabras, gestos, decisiones, acciones. Nuestra percepción es una interpretación, un proceso activo y creativo que la mente elabora a partir de los hechos. Puedo cambiar mi interpretación del ataque; mi visión cambiará en el momento que decida perdonar. Al regalar el perdón, el conflicto desaparece y nuestra relación cambia de la discordia a un estado de armonía.

El perdón completo es, a la vez, tan simple y difícil de practicar. El componente emocional consiste en reemplazar emociones negativas por positivas dirigidas a quien agrede5,6. El perdón a uno mismo puede tener efectos más importantes aún7-10 porque toda agresión resulta, en el fondo, de proyectar nuestro propio conflicto interno sobre otro ser. No perdono al otro porque no me perdono yo.

El verdadero perdón implica una decisión cognitiva, primero, y un cambio de estado emocional acorde con esa decisión después. Sólo puedo vivir el verdadero perdón cuando estoy dispuesta a ver a alguien que podría ser yo misma cuando cometo mis errores particulares. Me veo reflejada en el otro, porque lo que vemos en otro es un reflejo de nosotros mismos. El perdón es un mirar valiente y trascendente porque nos obliga a encararnos.

Deshacemos el resentimiento, el cual es un sentir y volver a sentir un dolor del pasado. El filósofo Max Scheler describe el resentimiento como una autointoxicación psíquica, un autoenvenamiento del alma. Es imposible escuchar la totalidad de la pieza musical por la atracción fatal que se siente hacia la herida, que es solo un fragmento de la sinfonía de la vida.

Aferrarnos al rencor es como tomar veneno esperando que sea el enemigo quien muera. Parece que odiar es un castigo contra el otro; en realidad, las consecuencias conductuales del odio sí pueden convertirse en un daño para el otro, pero el daño que se alimenta a nivel psíquico se lo traga uno mismo. Al utilizar el verdadero perdón la mente se libera de esa borrasca de negatividad, hoy en mi caso los pensamientos de fracaso, temor, ineptitud.

Es limitado el grado de libertad que experimentamos en este mundo. Sin embargo, la que podemos experimentar en nuestro mundo interior no tiene más límites que aquellos que nosotros le pongamos. Así que he decidido abrazar la página en blanco. No sea que me arrepiente si cometo el error de no intentar al menos. Estancarse en el arrepentimiento no sirve para nada, pero dejar que nos invada de manera fugaz como base para trabajar el perdón a uno mismo lo transforma en ese soplo de motivación para seguir, paso a paso, buscando la conexión con nuestra esencia.

Ante la elección entre no perdonarme si dejo de escribir por miedo a fracasar, y perdonarme aunque no logre la magia soñada, opto por pensar y sentir que me perdono para estar en paz con el transgresor (mi propia sombra). Me autoregalo el perdón. ¿Y tú?

 

Referencias

1B. L. Fredrickson, “The role of positive emotions in positive psychology: The Broaden-and-Build Theory of Positive Emotions”, en American Psychologist, núm. 56, 2001, pp. 218-226.

2Luskin, F. Perdonar es sana. Harper Collins Publisher Ediciones Norma. S.A. Bogotá 2008.

3McCullough, M. E., Root, L. M., Tabak, B. A., & Witvliet, C. v. O. (2009). Forgiveness. In S. J. Lopez & C. R. Snyder (Eds.), Oxford handbook of positive psychology (2nd ed.). New York, NY: Oxford University Press, pp. 427–435.

4Macaskill, A. (2012). Differentiating dispositional self-forgiveness from other-forgiveness: Associations with mental health and life satisfaction. Journal of Social and Clinical Psychology, 31(1), 28–50.

5Prieto-Ursúa M., Mª José Carrasco M.J. et al. Clinical use of Forgiveness in Individual and Marital Therapy. Clínica Contemporánea, Vol. 3, n.° 2, 2012 – Págs. 121-134.

6Mauger, P. A., Peny, J. E., Freeman, T., Grove, D. C, McBride, A. G. y McKinney K. E. (1992). The measurement

of forgiveness: preliminary research. Journal of Psychology and Christianity, 11, 170-180.

7Freedman, S. R y Enright, R. D. (1996). Forgiveness as an intervention goal with incest survivors. Journal of

Consulting and Clinical Psychology, 64(5), 983-992.

8Lawler, K. A., Younger, J. W., Piferi, R. L., Billington, E., Jobe, R., Edmondson, K. y Jones, W.H. (2003). A

Change of Heart: Cardiovascular Correlates of Forgiveness in Response to Interpersonal Conflict. Journal

of Behavioral Medicine, 26(5), 373-393.

9Witviet, C. V. O, Ludwig, T. E. y Vander Laan, K. L. (2001). Granting forgiveness or harboring grudges: implications for emotion, physiology and health. Psychological Science, 12, 117-123.

10Fincham, F. D. y Beach, S. R. (2007). Forgiveness and marital quality: Precursor or consequence in well-established relationships. Journal of Positive Psychology, 2, 260-268.